viernes, 8 de enero de 2016

Frase179




Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.La gente que nunca deja de ser aniñada. La gente que con su energía, contagia.

                                       (Mario Benedetti)


jueves, 7 de enero de 2016

Comparte tu café


Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se reunió para visitar a su antiguo profesor. Pronto la charla devino en quejas acerca del interminable 'stress' que les producía el trabajo y la vida en general.


El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas diferentes: de porcelana, plástico, vidrio, cristal -unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas.
Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

Cuando lo hubieron hecho, el viejo maestro  con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo: 'Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron  las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo.

Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al 'stress.'

'Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café.

En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos.

Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores.

Ahora piensen en esto:

La vida es el café.

Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos.

A menudo, por concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café.

¡Disfruten su café!

La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo, sino la que hace lo mejor con lo que tiene; así pues, recuérdenlo: Disfruten cada instante de su vida
 Vivan de manera sencilla.
 Tengan paz.
 Amen y actúen generosamente.
 Sean solidarios.
 Hablen con amabilidad.

Recuerda que: la persona más rica no es el que más tiene sino, el que menos  necesita...

miércoles, 6 de enero de 2016

Feliz día de Reyes



Algunos de los mejores recuerdos de mi infancia y temprana adolescencia están ligados al día de Reyes Magos.  Cómo olvidar la ilusión con la que recibía cada 6 de enero. Y es que, aunque siempre me quejé de las famosas cazuelitas de aluminio que me dejaban Melchor, Gaspar y Baltasar nunca me fallaron, siempre estuvieron ahí.
Nací y crecí en una familia humilde y numerosa. Desde siempre mi madre se preocupo en hacer que mis herman@s y yo nos dejáramos arropar por la magia de los Reyes Magos para alimentar así la inocencia propia de la edad. Mis herman@s y yo éramos afortunados por que a pesar de ser muchos nunca nos dejaron sin regalos.



martes, 5 de enero de 2016

Los tres favores de los Reyes Magos


Mamá, mamá..mis amigas del cole dicen que los Reyes Magos son los padres, ¿es verdaaaad?

La madre de Maria sonríe, le da un beso y le dice:
– Mira Maria… Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.
Su madre saca del cajón un sobre blanco. Lo abre y le dice a Maria:
– Esta carta la recibimos en casa el día en que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?
– ¡Sí mamá, por faaaavor!

Apreciado papá y apreciada mamá de Maria,
Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Maria. Es un niña preciosa que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos.

Pero a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:

1er favor: Que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría.

2º favor: Como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a Maria hasta que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque sino… ¿qué pensarán de nosotros? ¿dónde estará la mágia? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas que más los quieren a ellos.

3er favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos. Y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que vuestros hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos.

Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando Maria te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más lo queréis en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla.

Melchor, Gaspar y Baltasar


sábado, 2 de enero de 2016

¿Qué es la felicidad?


Me preguntó de repente,
como quien pregunta a qué altura está el cielo,
qué forma tiene el agua,
o de qué color es el viento.
Son preguntas muy grandes,
para alguien tan pequeña, le dije sonriendo.
Agarré con fuerza sus manos y
mientras yo giraba sobre mi propio cuerpo
comencé a levantarla del suelo.
Y giramos: ella gritando, yo riendo.
Y giramos: ella riendo, yo gritando.
Y giramos, y giramos, y giramos…
Ella sintiéndose segura sabiendo que no la soltaría.
Yo apretando en mis manos lo que más quería en el universo.
Y fue en ese momento,
mientras le dábamos mil vueltas al mundo,
cuando le contesté: la felicidad es esto.